Nuestro Ideario

Creamos “El cuenco” a partir de nuestra inquietud como pareja de padres y profesionales, interesados en favorecer las mejores condiciones en los procesos del inicio de la vida.
Nos interesa promover la salud, la calidad afectiva, el desarrollo cognitivo, la armonía corporal, la interacción social respetuosa y la apertura espiritual de todos los participantes: la mujer-madre, el hombre-padre, el bebé- hijo y el entramado familiar-social; durante el período primal: la concepción, el embarazo, el parto, el nacimiento, el puerperio, la crianza y la primera infancia. Entendiendo estos como procesos fundantes, transformadores y potenciadores del desarrollo personal y vincular.
Creemos que la vivencia del nacimiento en buenas condiciones de seguridad afectiva constituye, para el bebe, el mejor augurio desde donde iniciar su experiencia de vida. Para los padres es la oportunidad de transformarse y crecer como seres humanos. Para la sociedad un aporte concreto para la construcción de un mundo más amoroso y menos violento.
Desarrollamos espacios grupales, familiares, de pareja e individuales, desde un abordaje transdisciplinario tomando los aportes de la psicología, el psicoanálisis, la pedagogía, el constructivismo, la bioenergética, la medicina holística, la haptonomía , las técnicas corporales expresivas y la ecología pre y perinatal ( embarazo y parto humanizado).
La modalidad de nuestro trabajo consiste en generar propuestas desde el cuerpo, la palabra, la expresión simbólica, la producción artística, la observación de imágenes, la lectura de material y la promoción de estrategias de enseñanza-aprendizaje, planeando y eligiendo los contenidos según las necesidades, demandas, preguntas, temores etc. que vayan apareciendo y los temas que los profesionales hayan diseñado en la hoja de ruta para ese grupo, pareja, familia etc.

Nuestra Misión
Donde haya una mujer, un hombre, una pareja o una familia en transformación, donde haya una embarazada, un padre, un bebe viviendo un proceso de cambio, crisis o crecimiento, donde haya una familia que se proponga concretar un sueño y vivir intensamente el milagro de la vida, allí estaremos nosotros para brindarle el mejor acompañamiento profesional, todo nuestro conocimiento y el apoyo más amoroso.

Buena Crianza y Autonomia

Un objetivo esencial de la “buena crianza” es promover la autonomía

A medida que los niños crecen es deseable que vayan conquistando cada vez más su capacidad para valerse por sí mismos, pero… ¿cómo ayudarlos en ese camino hacia la autonomía?
Cuando un niño nos pide que hagamos algo por él, podemos hacernos tres preguntas:
1. ¿A quién le corresponde hacerlo, a él o a mi?
2. ¿Lo puede hacer por si mismo?
3. ¿Es una excepción que lo ayude o es la regla?
Si le corresponde hacerlo, es capaz de realizarlo solo y ya se volvió una regla que lo ayude…¡ Cuidado!
Conviene ofrecer solo la ayuda necesaria, no dar ni más ni menos ayuda que la que el niño necesita.
Alentarlo para que pueda y ayudarlo tan solo en aquello que aun no puede, interviniendo lo mínimo indispensable es importante para que pueda sentir el éxito de haberlo logrado.
Los adultos tenemos que desarrollar el “olfato” para saber cuándo y cuánto apoyo necesitan ya que si damos más sobreprotegemos y si damos menos abandonamos. Cuando logramos el equilibrio el niño se siente respaldado y a la vez experimenta la satisfacción de saber que puede lograr lo que se propone.

Algunas sugerencias para promover la autonomía:
Invertir tiempo: darles el tiempo necesario para aprender alguna habilidad y darnos el tiempo para enseñarla. Ej: esta semana dedico media hora todos los días a enseñarle a atarse los cordones.
En lugar de hablar, actuar: El aprendizaje para los niños se apoya más en la observación de los movimientos que en escuchar explicaciones. Ellos necesitan ver cómo se hacen las cosas para poder imitar.
Mostrar el proceso completo: Enseñar la actividad paso a paso, abarcando todo el proceso de principio a fin. Ej: si queremos enseñarle a bañarse solos, entonces tenemos que mostrarles como preparamos el agua, donde poner la ropa que se sacan, donde buscar el toallón, como poner el jabón en la esponja, como pasarlo por el cuerpo, como salir del baño , donde secarse, cambiarse y colgar la toalla.
Perseverar: Para que una actividad se convierta en un hábito tenemos que acompañarlos, asistirlos y sostener el proceso siempre igual durante mucho tiempo.
Hacer las cosas despacio: cuando mostramos cómo hacer algo hay que hacerlo de manera muy lenta para que pueda ver cada uno de los movimientos. El niño tiene un ritmo más pausado que el adulto, si lo hacemos a su ritmo el niño aprende gustoso, pero si lo apuramos, lo estresamos y desiste, o se frustra y termina enojado, lo que lo hace sentir que no puede hacer las cosas solo y lo torna inseguro y dependiente.
Supervisar: El niño necesita ensayar, practicar una y otra vez, supervisar quiere decir observarlo de reojo y guardar silencio, intervenir solo si es verdaderamente indispensable. Para ello hace falta cultivar nuestra paciencia y controlar nuestra propia ansiedad de hacer por ellos.
Alentar: Este aspecto es esencial y significa acompañar dando incentivo para seguir adelante, sostener emocionalmente al niño cuando se equivoca para que no se desanime y reconocer su esfuerzo independientemente del resultado.
Cuando el niño está en proceso de imitación tiene movimientos torpes y se equivoca. El niño necesita que el adulto en vez de regañarlo lo motive, es esencial darle confianza para que experimente las veces que sea necesario, hasta que logre dominar esa acción. Alentar es sostener el esfuerzo del niño para que no decaiga cuando no le salen bien las cosas.
Alentar no es lo mismo que alabar: cuando alabamos caemos en la exageración y dejamos de ser creíbles. Los halagos tienen una cualidad melosa que empalaga. Por eso el reconocimiento conviene que sea sencillo y genuino.

Y en todo este proceso hacerles sentir que apostamos a ellos, que creemos en sus posibilidades y que sabemos que van a poder, transmitir este genuino sentimiento es la semilla esencial para hacer crecer en ellos la capacidad de tornarse cada vez más autónomos.

Lic. Gisela Yacubowski.