Crianza y limites, caso 2: Mateo y su mamà

Mateo y su mamá van caminando y al pasar por la heladería el niño le pide un helado. La mamá responde: “No, ya comiste muchas golosinas hoy, después te duele la panza”. Inmediatamente el niño comienza una sesión de berrinches que incluyen gritos, revolcadas por el piso, malas palabras, etc. La madre se siente incomoda ante la mirada de los clientes. Repite la frase anterior y continua la escena delos berrinches. Finalmente le compra el helado y van a su casa. Por la tarde Mateo le dice que le duele la panza, a lo que la mamá responde: “Viste, te dije que te iba a doler”.
En general cuando vemos o somos partícipes de una escena como la descripta, es conveniente considerar sobre qué modelo o antecedentes de conductas anteriores se apoya esta vivencia. Suelen sucederse cadenas de acciones previas que generan este modelo de respuesta.
Como padres convivimos permanentemente con la demanda de nuestros hijos. Todo el tiempo están buscando, probando, experimentando, pidiendo. Y seguramente van a tratar de encontrar sensaciones placenteras, agradables, en su búsqueda.
Mateo es un niño al que le encantan los helados y también es un niño que sabe que desarrollando determinado repertorio de conductas obtiene lo que quiere en ese momento, sin considerar más allá. Si ese modo de pedir las cosas fue efectivo anteriormente vamos a tratar mejorarlo en lo sucesivo y ello es lo que observamos en este caso.
Por otra parte encontramos una creencia de la madre para poner el límite y esta referida al malestar que le va a causar, en consecuencia trata que el hijo razone sobre las consecuencias de su decisión.
En el consultorio nos encontramos con casos en que los padres “ delegan o tercerizan” el límite. Comentarios como “yo te lo doy pero si te duele no me vengas a decir” o “ no toques eso, mira la cara del señor como te mira” o “ponete el cinturón de seguridad que nos va a parar la policía” hacen que la autoridad del padre o la madre pierda categóricamente valor generando un creciente descredito del hijo hacia sus padres.
La autoridad de los padres se va construyendo cotidianamente. Importa la pauta o el límite comunicado claramente y también es fundamental el sostenimiento y la coherencia en el tiempo.
Si el niño le pide un helado y la madre considera que no es el momento. Comunicado clara y firmemente es suficiente para que el niño comprenda que no. Si lo que viene es el berrinche pero no encuentra una conducta receptora de la otra parte, esta se disuelve lentamente.
Recomendaciones
Ser claros y firmes al transmitir una pauta o un límite.
Hacernos cargo de nuestro lugar de padres con la autoridad consecuente.
No sentirnos avergonzados ante la mirada de los demás si sabemos que estamos ayudando a nuestro hijo para que aprenda que a veces se puede y a veces no.
Nuestro amor está mas allá de darle los gustos a nuestros hijos y es ese amor el que nos da fortaleza para acompañarlos en su proceso de comprensión del mundo
La amenaza o el castigo no enseñan pautas sino que generan temor. Probablemente la conducta inmediata es la esperada pero en el tiempo el miedo no favorece el desarrollo de niños autónomos, seguros e independientes. Cuando el factor que genera el temor no esta, la pauta no se cumple. Y se trata de que los niños puedan apropiarse de las pautas e ir ganando autonomía y autocontrol, la obediencia por temor genera todo lo contrario. (“cuando el gato no está los ratones bailan”)
Ser empáticos con nuestros hijos. Tratar de entender qué necesitan y comprender el porqué de sus actos. Teniendo en cuenta su punto de vista tenemos más herramientas para resolver mejor.
Nota: para ampliar información ingrese en la sección Bibliografía de nuestro sitio www.cuencopartoycrianza.com.ar

Crianza y Limites: casos para pensar

caso 1: Nora y Esteban (2 años)
En un día de semana a las 8 de la noche, Nora esta al final de la fila del supermercado. Esteban de 2 años llora desaforadamente, la madre abre un paquete de galletitas dulces y se lo da. El niño enojado tira una galletita al piso. La señora que esta adelante en la fila trata de simpatizar. “Pobre, ya es tarde y debe estar cansado, encima las cajeras están lentísimas”. La madre despreocupada le contesta: “No, no puede estar cansado, durmió toda la tarde en el auto. Este chico siempre esta de mal humor”
Es una escena frecuente, que encontramos en cualquier momento de la semana, en algún comercio de la ciudad.
En este caso observamos con situaciones claramente diferenciadas. Por un lado, la necesidad de la madre de realizar una serie de tareas durante el día, entre las que se incluye realizar tramites con el auto e ir al supermercado. Y por el otro lado la necesidad del niño que presenta cansancio, agotamiento, rutinas no cumplidas en un programa que no atiende a sus requerimientos particulares acordes a la edad.
Los tiempos de los niños, su atención, resistencia, interés y motivación son sustancialmente diferentes a los de los adultos. Un niño con un “plan de shopping” continuado sin pausas para el descanso, la comida, etc. le genera agotamiento, lo que podría derivar en escenas de fastidio y molestia; muy sanas por otra parte. En casos más extremos nos encontramos con niños estresados o de muy mal humor.
El orden y el cumplimiento de rutinas en los niños son tranquilizadoras y armonizadoras. Tener horarios para el descanso, para la comida y para el esparcimiento van generando un cambio de carácter, mejor humor y ánimo. Si estas rutinas se sostienen coherentemente en el tiempo generan seguridad y bienestar.
Del mismo modo, el niño se siente “considerado” al respetársele sus rutinas y sus necesidades particulares.
Claro esta , que toda regla presenta una excepción y que hay ocasiones donde no tenemos otra alternativa que llevar a nuestros hijos a ,situaciones que no son propicias para ellos pero, al saber que no podemos cumplir con las rutinas del niño atendiendo a obligaciones impostergables, nuestro modo de entender su conducta es diferente ya que podemos comprender porque varía su estado de ánimo, sin sancionar a su persona cuando ésta se manifiesta.
Finalmente, en este caso nos encontramos con una frase desatinada: “este chico esta siempre de mal humor”. Esta frase dicha en voz alta delante del niño impacta directamente en la constitución de su ser y de algún modo marca lo que será su futura estructura de carácter, casi de modo premonitorio. Sanciona de lleno la expresión de disconformidad del niño, sin que la madre pueda cuestionarse si hay una razón de ser en ello. Los comentarios del tipo “el es…” o “siempre haces lo mismo” o “ sos un …” proponemos que sean reemplazados por “ te estas comportando …..”o “ lo que haces no me gusta….” o “ a mamá le parece mal que ….”haciendo un comentario sobre la acción y no sobre el ser, preservando de lastimar la subjetividad del niño que está en plena constitución. Además cada acto de manifiesta conducta del niño es conveniente que sea leído de un modo empático, tratando de considerar cual es su punto de vista, su necesidad y tratando de reconsiderar el programa en base a todas las necesidades de los actores involucrados
Recomendaciones
Establecer una serie de rutinas de descanso, comida y tiempo de esparcimientos acordes a la necesidad de cada niño y a las posibilidades de los padres.
Si todos los días modificamos las rutinas no son rutinas, es conveniente reorganizarse.
Preguntarse si mi hijo esta “siempre” de mal humor. Preguntarse como puedo ayudarlo a que se sienta mejor.
Evaluar si la cantidad de tareas que tiene son adecuadas para èl.
Tener empatía con nuestros hijos.
Pensar que las respuestas delos niños en muchos casos no son verbales sino por medio de sus conductas. Plantearnos porque creemos que se porta de ese modo.
Si estamos de acuerdo que el programa o el plan le puede generar fastidio manifestarle nuestro entendimiento a su cansancio, contenerlo.
Revisar el plan del día para ver qué se puede hacer en otro momento y que no.
Evitar comentarios fuertes o desatinados sobre el niño que puedan lastimarlo y causarle dolor.
Nota: para ampliar información ingrese en la sección Bibliografía de nuestro sitio http://www.cuencopartoycrianza.com.ar/

Lic Gisela Yacubowski Lic Carlos Cosentino

Nuestro Ideario

Creamos “El cuenco” a partir de nuestra inquietud como pareja de padres y profesionales, interesados en favorecer las mejores condiciones en los procesos del inicio de la vida.
Nos interesa promover la salud, la calidad afectiva, el desarrollo cognitivo, la armonía corporal, la interacción social respetuosa y la apertura espiritual de todos los participantes: la mujer-madre, el hombre-padre, el bebé- hijo y el entramado familiar-social; durante el período primal: la concepción, el embarazo, el parto, el nacimiento, el puerperio, la crianza y la primera infancia. Entendiendo estos como procesos fundantes, transformadores y potenciadores del desarrollo personal y vincular.
Creemos que la vivencia del nacimiento en buenas condiciones de seguridad afectiva constituye, para el bebe, el mejor augurio desde donde iniciar su experiencia de vida. Para los padres es la oportunidad de transformarse y crecer como seres humanos. Para la sociedad un aporte concreto para la construcción de un mundo más amoroso y menos violento.
Desarrollamos espacios grupales, familiares, de pareja e individuales, desde un abordaje transdisciplinario tomando los aportes de la psicología, el psicoanálisis, la pedagogía, el constructivismo, la bioenergética, la medicina holística, la haptonomía , las técnicas corporales expresivas y la ecología pre y perinatal ( embarazo y parto humanizado).
La modalidad de nuestro trabajo consiste en generar propuestas desde el cuerpo, la palabra, la expresión simbólica, la producción artística, la observación de imágenes, la lectura de material y la promoción de estrategias de enseñanza-aprendizaje, planeando y eligiendo los contenidos según las necesidades, demandas, preguntas, temores etc. que vayan apareciendo y los temas que los profesionales hayan diseñado en la hoja de ruta para ese grupo, pareja, familia etc.

Nuestra Misión
Donde haya una mujer, un hombre, una pareja o una familia en transformación, donde haya una embarazada, un padre, un bebe viviendo un proceso de cambio, crisis o crecimiento, donde haya una familia que se proponga concretar un sueño y vivir intensamente el milagro de la vida, allí estaremos nosotros para brindarle el mejor acompañamiento profesional, todo nuestro conocimiento y el apoyo más amoroso.

Buena Crianza y Autonomia

Un objetivo esencial de la “buena crianza” es promover la autonomía

A medida que los niños crecen es deseable que vayan conquistando cada vez más su capacidad para valerse por sí mismos, pero… ¿cómo ayudarlos en ese camino hacia la autonomía?
Cuando un niño nos pide que hagamos algo por él, podemos hacernos tres preguntas:
1. ¿A quién le corresponde hacerlo, a él o a mi?
2. ¿Lo puede hacer por si mismo?
3. ¿Es una excepción que lo ayude o es la regla?
Si le corresponde hacerlo, es capaz de realizarlo solo y ya se volvió una regla que lo ayude…¡ Cuidado!
Conviene ofrecer solo la ayuda necesaria, no dar ni más ni menos ayuda que la que el niño necesita.
Alentarlo para que pueda y ayudarlo tan solo en aquello que aun no puede, interviniendo lo mínimo indispensable es importante para que pueda sentir el éxito de haberlo logrado.
Los adultos tenemos que desarrollar el “olfato” para saber cuándo y cuánto apoyo necesitan ya que si damos más sobreprotegemos y si damos menos abandonamos. Cuando logramos el equilibrio el niño se siente respaldado y a la vez experimenta la satisfacción de saber que puede lograr lo que se propone.

Algunas sugerencias para promover la autonomía:
Invertir tiempo: darles el tiempo necesario para aprender alguna habilidad y darnos el tiempo para enseñarla. Ej: esta semana dedico media hora todos los días a enseñarle a atarse los cordones.
En lugar de hablar, actuar: El aprendizaje para los niños se apoya más en la observación de los movimientos que en escuchar explicaciones. Ellos necesitan ver cómo se hacen las cosas para poder imitar.
Mostrar el proceso completo: Enseñar la actividad paso a paso, abarcando todo el proceso de principio a fin. Ej: si queremos enseñarle a bañarse solos, entonces tenemos que mostrarles como preparamos el agua, donde poner la ropa que se sacan, donde buscar el toallón, como poner el jabón en la esponja, como pasarlo por el cuerpo, como salir del baño , donde secarse, cambiarse y colgar la toalla.
Perseverar: Para que una actividad se convierta en un hábito tenemos que acompañarlos, asistirlos y sostener el proceso siempre igual durante mucho tiempo.
Hacer las cosas despacio: cuando mostramos cómo hacer algo hay que hacerlo de manera muy lenta para que pueda ver cada uno de los movimientos. El niño tiene un ritmo más pausado que el adulto, si lo hacemos a su ritmo el niño aprende gustoso, pero si lo apuramos, lo estresamos y desiste, o se frustra y termina enojado, lo que lo hace sentir que no puede hacer las cosas solo y lo torna inseguro y dependiente.
Supervisar: El niño necesita ensayar, practicar una y otra vez, supervisar quiere decir observarlo de reojo y guardar silencio, intervenir solo si es verdaderamente indispensable. Para ello hace falta cultivar nuestra paciencia y controlar nuestra propia ansiedad de hacer por ellos.
Alentar: Este aspecto es esencial y significa acompañar dando incentivo para seguir adelante, sostener emocionalmente al niño cuando se equivoca para que no se desanime y reconocer su esfuerzo independientemente del resultado.
Cuando el niño está en proceso de imitación tiene movimientos torpes y se equivoca. El niño necesita que el adulto en vez de regañarlo lo motive, es esencial darle confianza para que experimente las veces que sea necesario, hasta que logre dominar esa acción. Alentar es sostener el esfuerzo del niño para que no decaiga cuando no le salen bien las cosas.
Alentar no es lo mismo que alabar: cuando alabamos caemos en la exageración y dejamos de ser creíbles. Los halagos tienen una cualidad melosa que empalaga. Por eso el reconocimiento conviene que sea sencillo y genuino.

Y en todo este proceso hacerles sentir que apostamos a ellos, que creemos en sus posibilidades y que sabemos que van a poder, transmitir este genuino sentimiento es la semilla esencial para hacer crecer en ellos la capacidad de tornarse cada vez más autónomos.

Lic. Gisela Yacubowski.